Sus infinitas miradas escucharon el estruendo de la fabulosa vida destinada a abrir y cerrar las puertas de los recuerdos.

Suspiraba.

Pensaba, en lo más profundo de su ser, que su existencia no tenía ningún sentido,

y sonaba dentro de ella la melodía de un dulce instrumento infernal que le quemaba la gola.

Sonreía y después se secaba los ojos.

Miraba el suelo, que con orgullo reflejaba unas nubes extrañamente blancas,

y su sombra se transformó en magia,

(y sus brazos cada vez querían llegar más alto.)

¿Magia? La magia no existía,

y dentro de su cuento de hadas volvieron a abrirse las puertas de los pasados y de los futuros,

cargados de nuevas vidas y sonrisas que serían vividas otra vez.